¡Hola Substack!
De lo que se quedó en el tintero y lo inspiradores que pueden resultar los nuevos comienzos.
Lo hice manitas. Abrí mi cuenta en Substack. Tenía MESES queriendo unirme a esta comunidad maravillosa de escritores y lectores y hoy por fin se llegó el día. Todo a mi alrededor huele a transformación. Quizá sea el ocaso del 2023 o la cantidad incalculable de tropiezos que me llevaron al piso en este año (pero también a un poquito más de amor propio), lo cierto es que traigo encima una vibra metamorfosística. Me siento una oruga en franca autodestrucción, a punto de salir del capullo creativo.
El 2023 fue un año de muchísima introspección, mucha duda (para no variar) y mucha demolición de viejos cimientos enmohecidos que ya sostenían apenas con pincitas mi maternidad, mi vida en pareja y mi labor creativa. Me hice el millón de preguntas de siempre, pero este año sucedió algo distinto… me rendí ante la realidad más aterradora y al mismo tiempo más pacífica de todas: no siempre existen las respuestas. Dejé que mis estructuras internas terminaran por desmoronarse porque era necesario para volver a construir, ya no en la certeza y rigidez de la piedra, sino en la incertidumbre y maleabilidad de la arena, la que se adapta a la impermanencia, la que nos permite fluir con lo que la vida proponga.
Los veinte me sirvieron para edificarme paredes de roca, pero los cuarenta me informan que dichos muros no eran más que una ilusión. Con el terremoto que terminó por derrumbar mis murallas se convirtieron en polvo aquellas creencias que por mucho tiempo asumí que me sostenían y me mantenían entera. Me sentí la peor madre, la peor esposa, la peor hermana, la peor amiga, la peor hija, la peor escritora… hasta que comprendí que era necesario sentirme así para darme cuenta de que no lo soy, como tampoco soy la mejor, porque nunca nada se ha tratado de valoración, sino de simple experimentación.
No estoy aquí para ser evaluada y rendir cuentas, como creí en mi adolescencia. Estoy aquí para vivir: a punta de ensayos y errores, de tanteos y aciertos, de raspones y cicatrices.
Hoy que lo veo en retrospectiva, el 2023 fue de mucha preparación para conseguir sentirme como me siento ahora: lista para hacer un contrato con mi creatividad.
¿Se acuerdan de la promesa que nos contó Elizabeth Gilbert que le hizo a su escritura en “Big Magic”? En su famoso libro nos comparte que un día, cuando era muy joven, hizo un voto de lealtad con su escritura y le prometió que se dedicaría en cuerpo y alma a ella sin esperar nada a cambio. Así he decidido prometerle yo a mi labor creativa (la escritura y el dibujo) que seré su fiel discípula y que ya no me permitiré distraer por los obstáculos del pasado: el síndrome de impostora, la apatía, el impulso a la comparación, las altas expectativas, el desequilibrio entre el consumo y la creación, la autoindulgencia excesiva y un larguísimo etcétera.
El 2023 fue un año de muchos subibajas emocionales, lo que me llevó a una inconsistencia en mis ritmos creativos. En el tintero se quedaron proyectos importantes para mí como la publicación de mi segundo libro, un par de talleres presenciales y el diseño de una campaña en forma para nutrir mi lista de correos. Fue un año para invernar. Sí, yo tampoco sabía que esta palabra existía, siempre creí que era una forma incorrecta de decir “hibernar”…
hibernación
f. Estado de aletargamiento con disminución general de las funciones metabólicas y temperatura a que están sujetos algunos animales durante la estación fría:
la hibernación termina con el deshielo.
… pero el libro “Invernando: El poder del descanso y del refugio en tiempos difíciles” de Katherine May me vino a enseñar esta nueva palabra que mi naturaleza nostálgica amó a primera vista.
invernar
intr. Pasar el invierno en algún lugar, en especial los animales que lo hacen periódicamente:
la mayoría de las aves invernan en zonas cálidas.
Hoy me siento mucho mejor, pero comprendo que me encuentro en una etapa de mi vida reproductiva (la sabia perimenopausia) en la que muchas veces estaré a merced de mis benditas hormonas y por más que quiera cumplirle la promesa a mi creatividad, la montaña rusa emocional me tumbará uno que otro día en la cama para conectar de nuevo con la energía de la pausa y la introspección del invierno. Y está bien.
No me presionaré (ni mucho menos me castigaré con mi diálogo interior como suelo hacerlo), porque si algo aprendí en el 2023 es que el ritmo de cada una de nosotras es sagrado, pero sí quiero darle a la escritura y al dibujo el espacio que se merecen en mi vida.
Y no me imagino una mejor forma de celebrar este compromiso que el estreno de esta nueva casa virtual para hospedar mis “Cartas para volver a casa”.
Gracias siempre por leer.
Con todo el amor,
Marcela entusiasmada.
OTROS QUE SE QUEDARON EN EL TINTERO
Tengo una torre de libros en mi mesita de noche (que en realidad es una silla) porque ahí es donde suelo leer antes de dormir. Antes era de las que no podía empezar un libro si no había terminado el que tenía en turno, pero ahora disfruto mucho leer de todo al mismo tiempo. Casi siempre tengo un libro de ficción y otro de no ficción para no hacerme bolas, pero este año tuve en mi torre varios de escritura, creatividad y crecimiento espiritual que me parecieron sendas Biblias que quería saborear despacito y sin prisas.
Así que me quedé con varios libros sin terminar, pero con cero remordimientos.
“El plan de tu alma” de Robert Schwartz y la antología de cuentos “Todas hemos perdido algo” de Liliana Blum de plano no me gustaron y los solté cuando iba a la mitad de ambos. “La clave está en la tiroides” de Amy Myers prácticamente lo terminé pero lo dejé en mi silla como libro de consulta. “La liberación del alma” de Michael A. Singer es el que estoy leyendo actualmente y ya casi lo termino porque me está gustando muchísimo. “No tengo por qué hacerlo todo yo” de Kate Northrup está bueno, pero de pronto se quedó hasta el fondo jajaja y ya por eso no le tocó el turno de abrirse (espero retomarlo próximamente).
El resto son libros tan bellos que me los he llevado despacito, página a página, saboreándolos poco a poquito porque no quiero que nunca terminen. Entre ellos voy leyendo también otros de ficción. Mi favorito en el 2023, sin dudarlo ni un segundo, fue “La cabeza de mi padre” de Alma Delia Murillo.
AVISOS PARROQUIALES
La forma en que me organizaré en esta nueva plataforma es que seguiré enviando como siempre uno o dos correos gratuitos al mes, pero si quieres recibir mis “Cartas para volver a casa”, que son mis textos más largos e íntimos (y constantes: dos al mes) te invito a que te suscribas en el botón de aquí abajo. El costo es de 83 pesos al mes, como si me invitaras un cafecito (o dos, depende del lugar jejeje). Yo te estaré eternamente agradecida por apoyar mi trabajo y permitirme seguir haciendo esto que amo.
¿Quieres escribir, collagear y/o pintar en comunidad? Entonces mi casita virtual en Patreon para celebrar nuestra creatividad te estará esperando en este 2024. Cada mes exploramos un tema distinto en el cuaderno, y en enero el tema será: “Una página en blanco”. Es bien sabido que enero se inventó para preguntarnos en dónde estamos y hacia dónde nos gustaría ir. Aprovechemos la energía de los nuevos comienzos para escribir todo eso que nos estamos muriendo de ganas por vivir.
¿Ya tienes tu calendario 2024? Si no, te recuerdo que puedes conseguirlo aquí.
¡Muchas gracias por tu compañía del otro lado de la pantalla en este año! Gracias por tu lectura, tus correos de regreso, tus historias y tu confianza. Eres parte esencial de mi camino creativo. Gracias por tanto. En el 2024 nos deseo todo eso que necesitamos para crecer.
¡Te abrazo un montón!
Marcela






Uyyyy que lindo leerte así Marce, será porque en esta vulnerabilidad nos encontramos una y otra vez?… me sentí muy identificada contigo en lo que compartes… Gracias y siempre gracias a la vida que me topé contigo y a ti por tus letras puestas con el corazón.