querido diario 37
escribir sin fórmulas
sábado 13 de diciembre del 2025, 6:42 am, el sillón junto a la ventana
Con los días de descanso tan cerca se me agotan los pretextos para empezar a escribir mi primera novela. Mis personajes, la estructura y la trama aún están flojas, pero lo que tengo muy claro es el tema y el fondo que quiero tejer para comunicarlo. Lo he tenido claro desde hace meses. Lo que me ha faltado es valor ante la cascada incesante de escenarios catastróficos que me arroja mi querida mente, fiel a su labor de protectora.
Cuando tomé la decisión, a principios de este año, de aventurarme a escribir ficción por primera vez en mi vida, me inscribí a un par de talleres de novela. Estudié Letras Españolas y he leído tantas en mi vida que, como buena persona autoexigente y sobrepensante, estaba segura que no estaba lista y tenía que estudiar más. Lo que me enseñaron es que había que tener preparado el mapa antes de comenzar a caminar. Desarrollar con precisión la psicología de mis personajes, diseñar una estructura sólida en la que pudieran sostenerse los acontecimientos y visualizar una trama concreta antes de sentarme a escribir.
Así lo hice… y fracasé. Intenté planearlo todo en papel y no lo conseguí. Yo nunca he escrito así. Siempre me he sentado frente al cuaderno o la pantalla a teclear con la mano suelta lo que surja, sin pensarlo demasiado, sin exigirme perfección desde el inicio, simplemente permitiendo que se exprese lo que necesite ser expresado. Es lo que siempre les aconsejo a las mujeres que acompaño en sus procesos creativos y aquí estaba yo, con oídos sordos para mis propios discursos bajo la creencia de que “la ficción se cocina aparte”. Puritito miedo disfrazado de profesionalismo. Pánico en traje sastre y peinado de salón. Uff.
Lo cierto es que el patronaje de mi historia me estaba limitando, la presión de no convertir este libro en otro proyecto autobiográfico me estaba sofocando y el miedo a perderme en la exploración de un género nuevo me estaba entumeciendo. Tanto así que me olvidé de escribir sin otra intención más allá que la de exorcizarme, como siempre lo hago. Me olvidé de permitir que mi historia nazca antes de exigirle perfección. Me olvidé que incluso las historias de ficción (al menos las que yo sueño crear) brotan de un viaje al interior, de un sendero que se traza mientras se recorre porque nadie lo ha cruzado antes… y el azadón para mover la tierra son las palabras que se arrojan sin tanto rigor.
Y me olvidé, sobre todo, que no existen fórmulas para escribir. Por suerte ahora lo recuerdo, ahora que se acercan los días de descanso y se me agotan los pretextos para empezar a escribir.
Vamos, con todo y miedo.



Ayyy que gozo me da leerte. Y creo que lo que sea que escribas será maravilloso.